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El azúcar puede afectar nuestra salud bucal desde la infancia

El azúcar es el enemigo número uno de los dientes, y una de las principales causas de caries en la infancia.

Los bebés, esas criaturas tiernas, inocentes e indefensas, dependen casi por completo de los adultos para sobrevivir. No saben hablar, y ni siquiera tienen dientes para poder alimentarse. Quizá por ello, desde la primera vez que nos tocan con sus suaves manitas, nos roban el corazón para toda la vida.

 

Alejandra y Luís saben muy bien lo que eso significa luego de tener a su hermoso bebé, Matías. A pesar de que Alejandra hubiese preferido cuidar a su bebé tiempo completo y quedarse en casa con él, debió regresar a su trabajo a las pocas semanas de dar a luz.

 

Ambos, Luís y Alejandra, decidieron dejar a Matías al cuidado de Isabela, una muchacha que les recomendó una amiga. Aunque Isabela no tenía mucha experiencia cuidando bebés, era una joven dulce que amaba a los niños.

 

Aunque a Alejandra no le agradaba la idea de dejar a su pequeño con otras personas, estaba muy contenta con la atención que Isabela le brindaba a su hijo. Se sentía aliviada de ver que el bebé estaba contento y dormía muy bien.

Sin embargo, empezó a notar que los fines de semana, cuando Luís y ella se quedaban en casa con el bebé, éste se negaba a tomar el biberón y lloraba con mucha intensidad.


Matías comía bien y se mantenía calmado únicamente cuando lo atendía Isabela. Alejandra se sentía impotente. ¿Cómo podía ser que fuera incapaz de alimentar a su propio hijo? Desesperada, Alejandra le preguntó a Isabela cómo lograba calmar y alimentar a su bebé, cuál era su secreto.

 

Isabela contestó con mucho orgullo: “El secreto está en el azúcar, señora. Cada vez que le doy el biberón a Matías, revuelvo tres cucharadas grandes de azúcar en la leche”. Alejandra se quedó muda, sintiéndose culpable. Le agradeció a Isabela sus buenas intenciones, pero le prohibió que volviera a dar el biberón a Matías y le explicó que el azúcar era uno de los elementos más dañinos tanto para la nutrición como para los dientes del bebé.

 

Al oír aquello, Isabela no pudo reprimir una carcajada. ¿De qué hablaba la señora Alejandra, si todo mundo sabe que los bebés no tienen dientes? Alejandra le aclaró que, a pesar de que los dientes no están formados todavía, en las encías de los bebés están las raíces de sus futuros dientes, y es muy importante cuidarlas bien. Si no se toman los debidos cuidados, la dentadura permanente del bebé podría verse afectada.

Y eso fue precisamente lo que ocurrió, desafortunadamente para Matías. Cuando empezaron a brotarle en la parte superior de la boca, sus dos primeros dientes estaban grises, muy débiles y con caries. Esto fue debido a que, por consentir al bebé, Isabela no sólo le daba biberón con leche y azúcar, sino que también se lo dejaba en la boca hasta que se quedaba dormido.

Cuando Matías cumplió dos años, en lugar de hacerle una gran fiesta tuvieron que practicarle una cirugía para quitarle los cuatro dientes delanteros y poner en su lugar unos dientes postizos hasta que tuviera su muda, aproximadamente a los 6 años. Además, fue necesario poner selladores, un material que se usa para proteger los dientes. Como los padres de Matías no tenían seguro dental, todo esto les costó una fortuna.

Hoy en día Matías es un guapo muchacho, con una esplendida sonrisa. Sabe lo que le ocurrió cuando era un bebé, y está consciente del valor de tener una dentadura sana, que le permita  hablar y comer sin problemas, y tener siempre una agradable sonrisa. Por eso, siempre los cepilla con mucho cuidado, y utiliza el hilo dental y el enjuague bucal diariamente.

¿Sabía que...?

Los dientes son necesarios para masticar, pero también son muy importantes para pronunciar las palabras. Cada diente tiene su función y trabaja en conjunto con la lengua y los labios para ayudarte a formar sonidos y pronunciar letras. Para comprobarlo, intente decir lentamente la palabra “taza”, y sienta cómo la lengua toca primero el interior de los incisivos para pronunciar la “t”, y luego se apoya en los dientes superiores e inferiores para pronunciar la “z”. Si no tenemos dientes, el pronunciar esta sencilla palabra sería imposible. Ahora intente decirla sin dejar que la lengua se acerque a los dientes. ¡Observe lo que sucede! Veamos otro ejemplo: diga la palabra “faisán” y note cómo los dientes tocan el labio inferior para decir la “f” y cómo se cierran los dientes superiores e inferiores para producir la “s”.

 

Si desea información adicional sobre este tópico, visite la página de Internet: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/dentalhealth.html

 

Fuentes:
Kidshealth.org/kid/en_espanol/cuerpo/teeth_esp.html-26k
Kidshealth.org/kid/en_espanol/cuerpo/teeth_esp.html-26k
The Nemorus Foundation. Actualizado y revisado por: Steven Dowshen, MD
Fecha de revisión: marzo de 2007
Revisión original: Lisa A. Goss, RDH, BS, y Garrett Lyons, DDS


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